Hace unos meses trabajamos con una empresa de consumo masivo que estaba a punto de lanzar un rediseño de empaque en su producto icónico. Se trataba de un producto que llevaba más de 20 años con el mismo empaque, y se imaginarán que era una decisión delicada.
El objetivo era entender si los nuevos empaques mejoraban la percepción de valor del producto, para ir posicionándose para futuros incrementos de precio.
Los resultados fueron súper dolorosos: los tres caminos evaluados destruían percepción de calidad, intención de compra y disponibilidad de pago.
Mientras el equipo de diseño buscaba modernizar, los consumidores vieron los nuevos empaques como menos profesionales y menos confiables, y sobre todo: más baratos
El precio del producto depende de la percepción de valor… y todo, absolutamente todo lo que toca esa percepción debe ser evaluado y entendido a la luz de cómo afectará el precio.
Ana Salazar
Socia Prisier – Prisier.com
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